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La maldecida tierra taína nos devuelve a otro tiempo difícil, ya experiencia hay en el asunto, así que nada nos toma por sorpresa. Somos herederos de historias y verdaderas epopeyas de escasez. El desabastecimiento no asusta a los que saben enfrentar con alegría e ingenio las adversidades.
Suena triste recordar pero Cuba fue el mayor productor de detergente de América Latina en la década del 50, y algo debimos haber aprendido de la elaboración de este producto.
Un poco de historia primero: Hasta la Segunda Guerra Mundial –como en el resto del mundo– en Cuba reinó su majestad el jabón; pero debido a limitaciones del producto y falta de grasas que provocó el conflicto surgieron las detergentes sintéticos, y Cuba como nación moderna pronto se montó en la ola. En 1945 se comenzó a importar el detergente Dreft, a este le siguió Ace con su eslogan tan claro de “Hace de todo” que se convirtió en uno de los preferidos de los cubanos.
Pronto la industria cubana estuvo en condiciones de fabricar los detergentes Crusellas y Sabatés con la capacidad para cubrir la demanda del país. Crusellas, que era una filial del gigante estadounidense Colgate-Palmolive puso en funcionamiento Detergentes Cubanos SA en la Calzada de Buenos Aires, en el Cerro, que fabricaba las marcas Rápido y Fab. Esta última llegó a ser tan popular que incluso hizo sus aportes al lenguaje. El vocablo Fab se fue deformando por el uso popular y pronto el cubano dejó de pronunciar la b final para sencillamente decirle “fa”, lo que con el tiempo se hizo extensivo a todas las marcas de detergente en polvo y se impuso como un sucedáneo del mismo.

Tras el triunfo de la Revolución Cubana de 1959, ambas fábricas fueron nacionalizadas. Las dificultades para mantener un abasto continuo de materias primas hicieron que el detergente se fuera convirtiendo cada vez más en un producto de lujo en Cuba hasta cesar por completo su producción.
Actualmente la empresa Suchel produce jabón de lavar y tocador, detergente líquido y pasta dental. Una alternativa que llama mi atención acaba de retomarse en la empresa Francisco del Sol, de Juraguá, Cienfuegos donde la producción de detergente líquido derivado del henequén fue concebida durante el periodo especial y que en algún punto se dejó de producir, seguramente para importar otros productos. Pero el fa sigue perdido.

Como saben no siempre existieron productos de higiene en las tiendas. Antes del abastecimiento, también había desabastecimiento.
Muchos creen que lavar con ceniza fue cosa del Período Especial, pero en realidad es una costumbre de antaño y proviene de Asturias. “Hacer la colada”, esta frase que todavía se conserva en el habla común para referirse a lavar la ropa, proviene de un método de limpieza español en el cual se utilizaba la ceniza procedente de la quema de madera para limpiar la ropa quedando esta blanca y limpia. Para hacer la colada se necesitaba un caldero para hervir el agua, un cocio (forma de tinaja grande) hecho de barro, un cernadero era una pieza grande de lienzo y ceniza fina, principalmente de carrasca. Esta ceniza procedía de la leña que se quemaba en los fogones de las casas para calentarlas y cocinar. Era un artículo muy valioso, en los pueblos que no disponían de leña de carrasca iban a comprarla fuera. Por último, para realizar el aclarado se utilizaban losas de madera y gamellas o calderetas. La labor de colar se hacía en casa, una mujer adulta tenía que estar a cargo del proceso, porque se manipulaba agua muy caliente. Se hacía una vez al mes, o incluso cada dos o tres meses, en verano se hacía más a menudo.
Si la ceniza no es lo tuyo, pues antiguamente la gente también buscaba entre las cosas más cercanas, y como solía pasar, se echaba buena mano de las plantas y hierbas que existían en los alrededores, pues muchas de ellas contenían entre sus principios activos saponinas. Las saponinas son moléculas compuestas similares a las del jabón, con una parte soluble en agua y otra en aceite, por lo que reducen la tensión superficial del agua creando burbujas que nos ayudarán con la limpieza, curiosamente, también producen espuma en alcohol.

Algunas plantas que recomendó el yerbero Google son:
_ Enterolobium cyclocarpum, un árbol conocido como oreja de elefante cuyas vainas verdes se usan como sustituto del jabón para lavar la ropa.
_ Quillaja saponaria, conocida como quillay o jabón de palo.
_ Saponaria officinalis, conocida como hierba jabonera, era usada en las casas más humildes como sustitutivo del detergente, pues era una planta sencilla de encontrar en las riveras de los ríos y zonas húmedas.
_ Sapindus saponaria, Sapindus Mukorossi o jaboncillo, es una planta originaria de América tropical, aunque se ha expandido por parte de Oceanía o la India. Estos frutos contienen una sustancia viscosa amarillenta que recubre las semillas con aproximadamente un 30% de saponinas. Se pueden usar en la lavadora poniendo unos 20 gramos en una bolsa cerrada, con ellas no es necesario usar suavizante.
Otros ingredientes y métodos de limpieza de la ropa fueron por ejemplo la sosa, la cal viva, la trementina mezclada con tierra de batán, el jugo de limón, la leche caliente, el almidón de patata, la harina de arroz, el bórax… Todo dependía de la mancha a tratar y de lo que se tubiera a mano en esos momentos. Otro de los elementos que usaban los romanos para lavar la lana era la planta saponaria oficinalis, de la que ya hemos hablado más arriba o incluso la orina fermentada, no olvidemos que su fermentación produce amoníaco, y que este sigue siendo uno de los ingredientes principales en la limpieza. Pero esperemos no tener que recurrir a eso, aunque como cubanos al fin lo haríamos dignamente.

Por otro lado, si lo que quieres es ahorrar ese poquito que te queda y con una latica de detergente hacer 3 pues aquí la receta que multiplica el detergente, el paso a paso y algunos trucos:
Ingredientes: 1,5 litros de agua, un jabón (nuestro amado Liz que nos provee la cuota), un vasito de detergente en polvo y un chorrito de vinagre. Todo a la mano.
Procedimiento: Ralla el jabón o usa la viruta que tengas acumulada. Vierte el pomo de agua en una cazuela. Agrega el jabón rallado. Calienta hasta que se disuelva completamente. Agrega un vasito de detergente en polvo y revuelve. Cuando la mezcla se ponga espesa, agrega un chorrito de vinagre. Viértelo en un recipiente y déjalo enfriar. Basta con que enfríe y se ponga sólido para poder empezar a usarlo.
Trucos: Primero pon a hervir el agua y luego añade el jabón. No dejes hervir al punto en que la espuma desborda la cazuela -usa un jabón de los conocidos como “de baño” “de olor” “de tocador”. Algunos probaron con jabones con alto contenido en sosa cáustica y su pasta adquirió una mayor consistencia. Pasar el jabón por un guayo o trocearlo es solo cuestión de gusto, solo hará que se derrita con mayor o menor facilidad. El proceso de integración de todos los ingredientes, trata de que sea a fuego lento durante, aproximadamente, 45 minutos. No dejes enfriar del todo para poder envasar en moldes de diferentes tamaños. La cantidad de detergente varía en dependencia del agua que se le agregue. Para aquellos cuyas “mezclas” no se integran bien, la solución está en una cucharadita de bicarbonato.

Si ahora sí te quedaste en cero de detergente en polvo pues puedes optar por la jabolina:
Se necesitan 75 gramos de jabón natural, 1 vaso de bicarbonato de sodio, 1,5 litros de agua, un envase grande o una botella de 2 litros para guardar este detergente casero y 20 gotas de aceite esencial.
Preparación: Rallar la pastilla de jabón natural. Una vez rallado el jabón, colocarlo en el bol y mezclar con el vaso de bicarbonato de sodio. Calentar el agua hasta que hierva y verter también en el bol. Una vez que estén mezclados los ingredientes con el agua, agregar las 20 gotitas de aceite esencial.
La cantidad de detergente que debes poner en la lavadora es la misma que utilizas normalmente con el otro jabón industrial. Lo que para agregarlo debes colarlo en una tela (puede ser en una media) para que no se vaya ningún pedazo que no esté bien disuelto y se pegue a las prendas. Es más efectivo distribuir y diluir bien el jabón para evitar manchas en la ropa.
Otra alternativa es el bicarbonato de sodio, no sé cómo estará el precio en la farmacia, pero si ya lo tienes en la casa una taza rociada en el tambor, no en el dispensador de jabón, debería bastar para tu carga habitual de ropa. Lo mejor de todo es que es adecuado incluso para miembros de la familia que pueden tener una piel muy sensible y que dependen de detergentes sin aditivos. Si también tienes jabón en barra, puedes combinarlos con bicarbonato de sodio para hacer tu propio detergente casero a bajo costo.
Si con el tema del coronavirus lo que te preocupa es desinfectar agrega un chorrito de vinagre, agua oxigenada o limón en la lavadora, y listo. ¡Algunos incluso tienen efecto blanqueador!
Existen también recetas alternativas para los suavizantes:
1_ Ingredientes: 2 tazas de agua (500 ml), ½ taza de vinagre (125 ml), ⅓ de taza de bicarbonato de sodio (66 g) y 6 gotas de aceite esencial de tu aroma preferido (estos aceites se pueden encontrar en las tiendas de regalo en La Habana). Antes de realizarlo, deberás disponer de un recipiente hermético o un envase para guardar los preparados. Para ello, puedes reciclar los botes de tus antiguos suavizantes y detergentes o ayudarte de botellas de agua vacías.
Procedimiento: Diluye la taza de vinagre blanco con las dos partes de agua y viértelo en un recipiente. Con mucho cuidado, añade poco a poco el bicarbonato de sodio a la mezcla, tratando de no desperdiciar el material. Ten en cuenta que esto tendrá un efecto efervescente, el cual aumentará si echas todo el bicarbonato de una vez. Mezcla con una cuchara y asegúrate de que todo quede bien disuelto. A continuación, agrega las gotas de tu aceite esencial favorito para darle un aroma más especial. Agrega un poco del suavizante a tu lavadora y programa el ciclo de lavado de costumbre. Si queremos que el producto tenga una consistencia más espesa, de forma opcional le podemos agregar un poco de acondicionador para el cabello (2 cucharadas, 20 ml).
Un aspecto importante a tener en cuenta con esta receta es que el bicarbonato podría blanquear las prendas. Por lo tanto, debemos utilizar este suavizante para ropa solo para lavar las prendas claras y blancas. Nunca ropa negra o de colores oscuros. El vinagre, además, actúa sobre las manchas como un potente quitamanchas y olores.
2_ La segunda receta incluye bicarbonato, sal marina y aceite esencial.
Ingredientes: 15 gotas de aceite esencial del aroma que más te guste, 250 gramos de sal marina sin refinar y 75 gramos de bicarbonato de sodio.
Preparación: En primer lugar, añadir las 15 gotas de aceite esencial a la sal marina. Remover hasta que el aceite esté bien absorbido por la sal. A continuación, agregar el bicarbonato y volver a remover hasta conseguir una mezcla homogénea. Cuando esté todo bien integrado, tendrás listo tu suavizante orgánico. Añade en cada lavado entre 2 y 3 cucharadas soperas justo antes del enjuague.
No sé si el cubano se le escapó al diablo, pero de que ha pasado por los mil infiernos no tengo dudas. Pero hasta en el peor momento seguro que hizo espuma el condenado.
